8.11.09

John Cage



Como hace César Coca en Divergencias, también yo voy a regalar a los lectores de este blog, dentro de los fastos de celebración del quinto aniversario del nacimiento del mismo, esta pieza de John Cage.
Increíble asumir que fue compuesta allá por 1948, al escuchar esa limpieza, sobriedad, anti-barroquismo, anti-ostentación y sensibilidad como pasada por un filtro cuenta gotas. No por ello menos valiosa. Se nota la influencia del mundo zen. Seguiremos investigando en John Cage, unos de los presentes en aquellos Encuentros' 72.

El otoño tiene algo zen.

7.11.09

Br

Me he dado cuenta que, apenas he comenzado la obra literaria de un autor, me intereso casi más por su obra biográfica. Memorias, diarios, entrevistas, opiniones más o menos contundentes, etc. Me ha pasado con muchos, Baroja, Tolstoi, Nabokov y ahora con Thomas Bernhard. No me he leído más que cuatro de sus Relatos autobiográficos, y en seguida caí en Conversaciones con Thomas Bernhard.

Di que necesité, de pronto, que alguien me rescatara de la prosa locoide y excesiva de Manuel Vilas en su Aire Nuestro. Me temo que estoy viejo para un tipo de literatura, que solo tiene en el humor corrosivo y lisérgico su motor, al menos hasta la página 50 o así en que abandoné. Un motor cuya gasolina es meter a Jonnhy Cash actuando en la catedral de Santiago de Compostela a las siete de la mañana, ante de misa de ocho, antes de ponerse ciego a cochinillos por Castilla-León. O que José Luis Rodríguez Zapatero sea, en realidad, un profesor de inglés de instituto de Getafe que cobra 1.936 (eh, vaya cifra, qué coña..) euros al mes y que dice: "Hey, babies, I'm Zapatero". O que Pedro Laín Entralgo habla con Dámaso Alonso. El primero es "Pedrito" y el segundo es "Dam". Y hay diálogos como "Eres un crack, Pedrito".

Eso de colocar a los personajes ilustres de la literatura reciente metidos en situaciones absurdas y payasescas ya lo probó con mucho éxito Juan Manuel de Prada en Las máscaras del héroe, y luego Rafael Reig, con no menos éxito, en su muy recomendable Manuel de literatura para caníbales. El resto, como que suena ya a un déjà lu clamoroso.

Creo que el humor por el humor, por muy inteligente que sea, no lleva a ningún sitio. Me estoy haciendo viejo, ya digo, en cuanto a gustos literarios, al menos. Empiezo a pensar que no me gusta la literatura, sino las personas. Y que si me gustan los libros, cuando me gustan, que tampoco ocurre con tanta frecuencia, es porque descubro a la persona que se esconde detrás de esos velos literarios. Y que cuando esa persona me gusta, entonces me gusta lo que leo.

6.11.09

Bq

Nunca he sido fan de Barricada. Estuve una vez en un concierto suyo en la plaza de toros de Pamplona, y sentí más de un anti-Síndrome Stendhal. Toda aquella masa enfervorecida coreando No hay tregua como un himno al etarrismo más siniestro. Porque El Drogas y los suyos compusieron aquella canción en su día, y en un ejercicio, creo yo, de instrospección psicológica al terrorista que, ojo, también es persona. Delicado asunto, pero que no se puede entender, ni mucho menos, creo yo, como una apología al terrorismo. Otra cosa es lo que hagan los receptores de esa canción que, al menos por lo que yo vi, en aquel ambientorro de borrokeria pamplonika tan duro, no andaban muy lejos del coqueteo proetarra.

Barricada eran, junto con Tahúres Zurdos, toda la representación cultural que yo veía que se proyectaba desde Navarra, en los ochenta y noventa. Luego llegó, eso sí, Serafín Zubiri. Ah, y Tasio, de Armendáriz. Eso es lo que yo recuerdo.

El caso es que Barricada ha sacado un nuevo disco, La tierra está sorda, de esos que merece la pena comprar. Pagar sus buenos 20 euros por tres años de trabajo y de sensibilización con un tema que aún merece muchas canciones. La memoria de los peor parados en nuestros conflictos más recientes. Al que no le guste, siempre puede mirar para otro lado y seguir jugando a la Play Station en la bajera con la cuadrrrilla y ponerse hasta el culo de porros y kalimotxo. A mí me gusta más mirar al fuerte de San Cristóbal, El infierno de piedra, como lo llaman ellos, ese fuerte que vi todas las mañanas de mi vida desde mi ventana burguesa, sin tener ni repajozorra idea de que lo que allí se había se había gestado, décadas antes. Como lo de los Encuentros de Pamplona 72, pero en más serio. Ah, esa discretería navarrica de guardar las cosicas pa' dentro, pa' no incordiar, qué nervioso me pone.

Curioso comprobar que en esto de la ignorancia supina estábamos todos. "Yo no sabía que a cuatro minutos de mi casa había un campo de concentración", dijo ayer Enrique Villareal, El Drogas, en referencia al Fuerte de San Cristóbal, leo en Diario de Navarra.

Enhorabuena a Enrique Villareal, El Drogas, que dice haberse empollado 78 libros y que ha entrevistado a cien personas para la realización del proyecto. La belleza, una vez más se demuestra, está en el interior. Óle.

5.11.09

Bp

Ayer (que mañana será anteayer cuando mañana pase a ser hoy) me compré, agotando mi presupuesto para libros del mes, un libro (y no me refiero a la obra de Marlo Brando). Aunque hoy me han enviado, amablemente, desde Santillana, un ejemplarón que dice Unamuno, así sin más, biografía del mismo y a ver qué hago con él. Por lo pronto, me ha servido para salir de la cama, con el timbre del señor cartero, nada mejor que te despiertes con libros. Me compré, decía, Conversaciones con Thomas Bernhard, de Kurt Hofmann.

El libro está interesante, aunque no sé si Bernhard da tanto para cambiar la vida de uno, como decía Miguel Sáenz en el prólogo de Relatos autobiográficos. El propio Bernhard le contradice en este libro: "Nadie cambia. El ser humano, ya de niño, es básicamente de una forma y, en ese sentido, yo nunca he cambiado".

Me he fijado en la foto de la portada, en la que confluyen escritor (Berhnard) y periodista (Hofmann). Me he proyectado en esa foto, al vislumbrar un muy vago parecido mío con el periodista y he pensado, ¿qué puesto me correspondería en esa foto? ¿Escritor, periodista, peritor, escritorista? Qué soy, qué seré, oh, oráculo de Delphos, atiéndeme que tengo el número 233 (ojo, son preguntas retóricas).

Y aunque tal oráculo me respondiera, y sobre esto reflexiona el propio Bernhard, no sería más que una etiqueta simplista, un rudimento para entenderse. Si te ganas la vida como escritor, pues a lo mejor sirva lo de que eres escritor, pero resulta que el propio Bernhard tenía grandes cualidades para la música, pero sus problemas de salud le impidieron hacer carrera como cantante lírico. Todo eso cuenta.

Supongo que uno es aquello que realiza con gusto y que, al hacerlo, no desería estar haciendo otra cosa. Que al hacer eso, siente que traza su camino. Y dice Bernhard, muy sabiamente:

La desgracia de los hombres es, precisamente, que no quieren seguir su camino, el propio, que siempre quieren seguir otro. Se esfuerzan por ser algo distinto de lo que son. Al fin y al cabo, todo el mundo es un gran personaje, tanto si pinta como si barre como si escribe. La gente quiere ser siempre algo distinto. Esa es la desgracia del mundo.

4.11.09

Bo: cosmopijos de provincias

Me van a permitir la blogorrea que sufro estos días. Basta con no leerme y arreglao. Estaba escribiendo un comentario a propósito de los pijos y he visto que, sin darme yo de cuenta, me había salido un post, que puedo incluir aquí en el Macropost, que empieza a perder su categoría de dietario en marcha, pero bueno. Son licencias que nos permitimos dentro de los fastos del quinto aniversario de la andadura bloguil. Licencias justificadas, si sabe mirar.

Vamos pues, con el tema prometido: los cosmopij@s de provincias

El cosmopijo de provincias ha nacido en ciudades con equipo de fútbol normalmente en Segunda o en categorías más recónditas. A saber: Burgos, León, Logroño, Cáceres, Zamora, Córdoba, Ciudad Real, Segovia, Guadalajara y pondremos también La Coruña, aunque ésta tenga un buen equipo de fúrrrbol. Pongamos mejor Galicia entera.

El cosmopijo de provincias siente un gran complejo de inferioridad española, castellana, de interior. Recia. Para remediar ese sufrir, embadurna su personalidad, externa e internamente con todo lo que no sea castellanidad recia. El y la cosmopijo/a de provincias se declarará seguidor incondicional de todo lo que tenga un vago tufillo a francés, desde una baguette, un cruasán o los discos de Jane Birkin. También se hará fan incondicional de toda la cultura anglosajona presidida por los Lou Reed, Dylan, Bowie y más tarde el brit pop de Oasis, Pete Doherty, Placebo y Coldplay.

El cosmopijo de provincias acudirá a Madrid en cuanto tenga ocasión, o a las ciudades más cercanas que tengan festivales alternativos de lo que sea: cine, música, moda, pan integral y hasta poesía. Consumirá todo ello superficialmente, no así las drogas que pille a su alcance, pero se irá tejiendo una biografía cool digna de un Serge Gainsbourg o un Rufus Wainwright. Intentarán colaborar también en revistas de tendencias, ElDuende y así, aunque sea en labores de contabilidad.

Asimismo, el/la cosmopijo/a de provincias hará concesiones al casticismo, y mezclará su falda estilo Audrey Hepburn con una rebeca zurcida por su abuela la del pueblo. En su despensa acogerá tanto migas con tomate de su madre como recetas de cous-cous afgano, rúcula hindú, microtomates biológicos que cultiva un amigo actor (más o menos gay) y un buen perolo con lentejas.


Este/a cosmopijo/a no será tal sino acude a las ciudades-templo del cosmopijismo. Así como el musulmán tiene que visitar, al menos una vez en la vida, la Meca, el/la cosmopijo/a deberá visitar cuanto antes (y a ser posible residir un tiempo) Londres o Nueva York. París ya está demodé, pero puede valer. El más audaz se irá hasta el Japón, cosa que puntúa mucho en esta comunidad. Trabajarán en tiendas de moda o lo que caiga, y no aprenderán una miaja de la lengua autóctona, pero comprarán muchos discos viejos y visitarán cuanto mercadillo de segunda mano les salga al paso.

Se sentirán modern@s, únicos y especiales y olvidarán, por un momento, sus a-glamourosos lugares de origen, ignorantes ellos de que al resto de la humanidad no les molesta, ni mucho menos, el hecho de que hayan nacido en el pueblo más chano de Soria o Castellón de la Plana.

Bn

(Mítico tabaco familiar... bajo en nicotina y alquitrán)

Este miércoles volví al Reina Sofía, en cuya fachada cuelga un cartelón en que se ve, grande, Pamplona y las gente de la época, 1972. Quería ver con más calma lo de los Encuentros 72.


Destaco de entre todo lo interesante que he visto, una carta firmada por Jorge Oteiza que es todo un monumento al 'olé mis huevos' y que demuestra que, polémicas al margen, el escultor xxxx (omito aquí poner su 'nacionalidad', porque hizo como con la esfera, hacerla desaparecer) era un tipo con las endrinas bien puestas, digamos.

Reproduzco el contenido de aquella carta, quizá el inicio de sus desavenencias con las instituciones vascas y su posterior exilio a Alzuza, Navarra, en donde se erige el museo que lleva su nombre y al que legó 1.650 esculturas, 2.000 piezas de su laboratorio experimental y su biblioteca personal, además de una extensa presencia de dibujos y collages, datos estos de la Wikipedia.

El berrinche oteiziano:

RESOLUCIÓN DE OTEIZA PARA CONOCIMIENTO DE LOS ARTISTAS VASCOS

Deba, 12 de mayo de 1972

A la vista de lo ocurrido en Baracaldo (y de lo que debió ocurrir y no ocurrió) y de lo que va a ocurrir en los llamados Encuentros de Arte Vasco de Pamplona, y de lo que ya está ocurriendo en la Quincena de Arte Vasco de Tolosa,

decido no volver a tratar a ningún artista vasco. Ni mi nombre ni mi obra debería aparecer más junto a los nombres o las obras de los artistas vascos.
En mi opinión, los artistas vascos (y no se salva ninguno) constituyen un auténtico y lamentable rebaño de inconscientes o irresponsables tanto para con sus compañeros como para con su país y para con el arte. Nada tengo en común con el artista vasco actual.
Voluntariamente me declaro desaparecido del ambiente de basura cultural de nuestro país, podéis considerarme muerto y enterrado.

Bm

De nuevo, problemas con el sueño, y aquí estamos, 4am. Antes de dormir unas tres horas seguidas le metí una buena tacada a Aire nuestro, la última novela de Manuel Vilas, elogiada por aquí y por allá, que es como turbadora y excesiva (en el buen sentido). He visto al primer Felipe Benítez Reyes, el de El pensamiento de los monstruos y El novio del mundo, que tanto me gustaron en su día, en Aire Nuestro. Sobre todo en un detalle, los nombres. Berta Cooper: es muy de Benítez Reyes. Hay que ver cómo el escritor se va apropiando de los hallazgos de otros escritores. También me he fijado en la coña de poner títulos falsos de novelas que nunca existieron (El gran libro sobre los títulos falsos, por Vetusto Morlaz, ediciones Tulsa, Palma, 1987) y he pensado que, de no ser porque yo se lo copié a Borges, Manuel Vilas me lo había copiado a mí.

También el uso del pie de página con fines literarios, técnica esta que ya alcanzó su cénit en La noche del oráculo (2004), de Paul Auster.

Lo de introducir un personaje que es un álter ego femenino del autor, en este caso Manuela Vilas, no lo había visto, sinceramente, nunca.

He soñado que era un personaje de esa novela y he sentido un cierto desasosiego pessoyano, hasta que he descubierto que lo que tenía era grandes ganas de liberar la vejiga.

Entre que decidia a volver a dormir o si asumía mi estado insomne (demasiada cafeína, ayer) he pensado en los pijos. Sí, en por qué irritan tanto los pijos, sobre todo a los intransigentes con los pijos, cosa que no soy, pero que haberlos haylos y muchos. Los pijos irritan y molestan al no-pijo por su constante sensación de felicidad conquistada sin mucho esfuerzo y por sus no-ganas de abandonar ese estadío de tontuna y dogmatismo heredado que se apoya en cuatro lecturas en diagonal de Libertad Digital, cuando eso. Pero la irritación que el pijomari produce en el no-pijo se produce, creo yo, por otro factor: la sobreactuación.

El pijo, la pija, sobreactúa. Exagera la risa, sobrecarga la anécdota, redobla la sensación de interés por tu vida cuando ésta, en realidad, quizá le importe un pimiento. El pijo, la pija, se pone grave, demasiado grave, si analiza un tema de actualidad de tipo geopolítico y se pone guasón, demasiado guasón, cuando cuenta un chiste verde. En el escenario que es la vida, en este teatro vital, comedia humana, gran teatro del mundo, etc, en este gran show en el que habitamos, áspero a menudo, ese tipo de excesos en el registro no sólo cansan, sino que quitan poesía, estética, elegancia, autenticidad, al hecho de transitar por este valle de lágrimas y sonrisas.

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Por cierto, no se pierdan la nueva y última entrega de El Retablo y su maestro orfebre virtual, Lorenzo Durruti, programada dentro de los fastos del quinto aniversario. La Universidad del Mal, de rabiosísima actualidad, no se la pierdan.